viernes, 1 de junio de 2012

CAPITULO 11. NORMAN VINCENT


CAPITULO  11.

AL FIN LA FELICIDAD

     Es importante amar lo que uno hace, tenerle cariño al oficio, porque entonces uno da más de sí mismo; y cuando más dé uno de sí, más le devolverá la vida.  Alguien ha dicho “Ama la vida y la vida te amará”.  Así pues, seamos amigos.  Si, como decía mi primo, usted está haciendo las cosas como por salir del paso, le recomiendo que se suelte más completamente, que dé más de sí mismo, que se entregue de veras.   En cuanto así lo haga, la felicidad inherente a su naturaleza surgirá por todo su ser.  Y lo importante, al fin y al cabo, es que usted se encuentre a sí mismo, que se conozca, que se tenga confianza y que se entregue.  Entonces, y solamente entonces, será su vida lo que debe ser, una experiencia gloriosa y satisfactoria, día tras día.
     Cuando pienso en la felicidad que he experimentado me parece que me ha venido en su forma más intensa y agradable cuando he recibido o cuando he dado bondad.  He llegado a la conclusión de que la bondad recibida y la bondad dada son factores básicos de la felicidad que se consigue.  Recuerde los pequeños actos de bondad que usted ha recibido o que ha dado, y observe que todavía tienen el poder de estimular sentimientos de felicidad, aun cuando hayan ocurrido hace muchísimo tiempo.

Cuando escribo este capítulo, Ruth y yo estamos en Hong Kong.  Hace poco atravesamos un alto puente peatonal  y llegamos a una empinada escalera que conducía al nivel de la calle.  Por no fijarme bien donde pisaba, tropecé y caí, llevándome en mi caída a mi mujer, que estaba colgada de mi brazo.  Estábamos rodeados de centenares de personas que se apresuraban en diversos quehaceres, y aun cuando tratábamos de levantarnos, nadie vino en nuestro auxilio hasta que oímos la dulce voz de una jovencita china que dijo claramente en inglés. “Permítame que le ayude, señor”.  Aunque era de constitución endeble, nos prestó a los dos una vigorosa ayuda e insistió en ayudarnos a bajar la empinada escalera.

     Protestamos asegurándole que ya nos encontrábamos perfectamente bien, pero ella no se quiso alejar sin cerciorarse de que así era en realidad.  “Es usted muy bondadosa”, le dije, y ella replicó: “Señor, para mí es un placer ayudar”.  Observé que en su rostro se dibujaba la alegría cuando dijo esto.
Puesto que según parece, ayudar a los demás produce un sentimiento de alegría, de ahí se sigue que uno puede aumentar su felicidad simplemente aumentando el número de veces que realiza un acto de bondad.  Descubrirá usted que la felicidad es su estado de ánimo dominante si puede multiplicar sus actos de bondad.  Tiene suerte la persona que haga este descubrimiento.

     Sin proponérmelo en absoluto, tomé una pequeña parte en abrir una vida más feliz para un extraño en las calles de Nueva York, en otra ocasión en que sufrí otra caída.  Las calles estaban cubiertas de hielo después de una racha de frío tremendo.  Para realizar mi ejercicio diario de caminar entre cuatro y cinco kilómetros fui a pie ese día a una oficina que tenía en la parte baja de la Quinta Avenida, pero al cruzar una calle donde el hielo estaba liso y brillante, se me fueron los pies y fui a quedar tendido cuan largo era en el arroyo.  No me puedo imaginar una situación más lamentable. 
    Pero casi inmediatamente vi acudir a mi lado a un joven que vestía una parka.  Me ayudó a ponerme de pie, me hizo subir a la acera, y me preguntó solícito cómo me sentía y si no había indicios de huesos rotos. Le aseguré que me sentía muy bien t seguimos juntos andando por la avenida.  Cuando llegamos a la calle siguiente, vi que la bocacalle estaba igualmente cubierta de hielo, pero el joven me dio el brazo y pasamos sin percance al otro lado.  “Su cara no me es desconocida-me dijo-. ¿Cómo se llama usted?”  Cuando le di mi nombre soltó la risa: “¡Lo que van a gozar mis amigos cuando les cuente que yo he sacado a Norman Vincent  Peale del arroyo!” Nos despedimos celebrando este gracejo y yo tuve la sensación de que había sido un episodio feliz para ambos.
     Alcanzar una actitud mental de calma y seguridad es requisito básico para lograr la felicidad; y para desarrollar esa serena actitud mental, es sumamente importante la seguridad de que se deriva de la fe.  Me parece que es un hecho bien comprobado que cuando la fe es débil. La angustia es proporcionalmente fuerte; mientras que si la fe es fuerte, la angustia será menos problema.
¿Cómo se puede lograr esa fe que lo libra a uno del temor, de la preocupación y la angustia? Empiece por pensar en la fe, afirmar la fe, actuar a base de la fe.  Practique el principio de “como si”, que es muy poderoso.  Actuando como si tuviera fe,  su conciencia aceptará la idea de que en realidad de verdad la tiene, y usted la tendrá.
La actitud tiene tanto que ver con que seamos o no seamos felices.

Recordemos siempre que.....

“La voluntad de Dios no es solamente que seamos felices, sino que nos hagamos nosotros mismos felices”:



jueves, 24 de mayo de 2012

CAPITULO 10. NORMAN VINCENT


CAPITULO 10.
COMO SER UN PENSADOR POSITIVO

Parece que algunos son por naturaleza pensadores positivos, en tanto que otros aprenden a serlo mediante rudo esfuerzo.
El ser humano está dotado de la facultad de romper viejos hábitos y de formar otros nuevos, de modo que cualquier hábito se puede modificar.  Aun cuando a veces son profundas las huellas cerebrales que dejan los procesos habituales de pensamiento, están sin embargo sujetas a revisión si es fuerte el deseo de revisarlas, la voluntad firme y la imaginación aguda.
     Así pues, quiero recalcar este hecho básico: Usted puede cambiar su pensamiento negativo por pensamiento positivo y gozar de las bendiciones que esta conversión trae.  Esto es posible aun cuando durante mucho tiempo y de manera muy completa haya sido usted pensador negativo.  La máxima prioridad para convertirse en una persona positiva es la voluntad.  Es necesario que usted quiera ser una persona positiva con tanta vehemencia que se resuelva a empezar inmediatamente el proceso de cambiar su modo de ser.
El presente libro lo escribí en parte como respuesta a muchas preguntas, especialmente sobre cómo puede un individuo volverse pensador positivo y seguir siendo positivo en medio de las alzas y bajas de la vida.  Así pues, ¿cómo puede usted volverse en pensador positivo y permanecer como tal?
     Como ya lo he dicho, la máxima prioridad es la voluntad, pero aun eso no basta.  Se necesita intensidad del deseo.   Para ser un pensador positivo, usted tiene que querer serlo, no a medias y melancólicamente, sino con toda la fuerza del deseo de que usted sea capaz.  Si su deseo es intenso, las probabilidades de buen éxito serán mínimas.  En cambio, con deseo intenso y sostenido, ya tiene usted el primer ingrediente para llegar a ser una persona positiva.
Desde luego, es preciso saber exactamente qué es lo que uno desea tan intensamente. ¿Qué es al fin y al cabo el pensamiento positivo? Lo definiré describiendo a un pensador positivo: Es una persona vigorosa, resistente, mentalmente recia, que ve todas las dificultades pero las ve como son.  No desmaya ante ninguna adversidad, revés o situación en apariencia imposible de superar, sabiéndose perfectamente capaz, con la ayuda de Dios, de ver claramente toda dificultad, analizarla y vencerla.  Para el pensador positivo siempre hay un camino, siempre una solución.  Frente a un problema difícil dice: “Ya sé que es difícil, pero hay remedio”, y agrega:
“Lo que es imposible para los hombres, posible es para Dios” (S. Lucas 18:27), o bien “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Fil. 4:13).  Y después ¿qué hace el pensador positivo? Sencillamente, sigue adelante y alcanza sus metas.

     El pensamiento positivo es todo lo contrario del pensamiento negativo.  El negativista es un descreído mientras que el positivista es un creyente; el uno esta lleno de dudas sobre sí mismo, el otro lleno de confianza en sí mismo.  El uno se da por vencido cuando se encuentra en una dificultad; el otro se pone a la altura de las circunstancias cuando las cosas marchan mal.  El pensador negativo con su desesperanza cierra el flujo de la potencia creadora.  El pensador positivo, apoyándose en la fe en Dios y en sí mismo, abre del todo los canales por donde fluyen la potencia y la creatividad que producen resultados sorprendentes. 
     Efectuar el cambio de negativo a positivo requiere, al principio, empezar a alimentar ideas positivas acerca de las cosas pequeñas.  Ataque su vieja actitud mental negativa con pequeños proyectiles positivos, tales como “Sí puedo”, “Sí es posible”, “Esto va a resultar bien”.  El simple paso de estos pensamientos positivos fragmentarios por el entendimiento empezará a labrar un nuevo surco mental, aun cuando sea pequeño.  Esta práctica, repetida diariamente durante algún tiempo y seguida por pensamientos más fuertes, ahondará al fin el canal que se va formando en la mente y acabará por socavar el viejo canal de pensamiento negativo, que se hundirá.  Entonces el pensamiento dominante en su mente será una actitud mental positiva.
     Uno puede llegar a ser un pensador positivo no solamente teniendo un deseo intenso y re adiestrando el proceso de pensamiento, sino también aprendiendo una nueva manera de hablar.  El lenguaje es la articulación audible de una idea formulada por el pensamiento en el proceso mental, y la reiteración de un planteamiento tiende a incrustarlo cada vez más profundamente en el subconsciente hasta que asume la forma permanente de un hábito.  El hábito se forma por la repetición constante de la acción instintiva, intuitiva y a veces deliberada.   

¡El pensador positivo imagina lo posible y atrae el éxito hacia sí mismo y hacia sus proyectos!

jueves, 17 de mayo de 2012

CAPITULO 9. NORMAN VINCENT


CAPITULO 9.
SECRETOS POSITIVOS DE LA SALUD Y LA ENERGIA

Dios quiere que usted disfrute de lo mejor de la vida durante toda su vida.  Quiere que se siente gloriosamente vivo, física, mental y espiritualmente.
¿Tiene su vida una calidad vibrante, o usted está vivo únicamente a medias, o goza únicamente de salud parcial? ¿Se le agota la energía dejándolo cansado, e incluso exhausto? 
Ahora prominentes figuras del mundo de la medicina hablan también del “factor de la fe” como productor de salud.
El medico Dr. Herbert Benso dice que el este factor puede producir:
·         Aliviar los dolores de cabeza.
·         Reducir los dolores de la angina de pecho y tal vez hasta eliminar la necesidad de cirugía de desviación (se calcula que el 80% de los dolores de angina se pueden aliviar con la fe positiva).
·         Aumentar la creatividad, especialmente cuando se está experimentando alguna especie de “bloqueo mental”.
·         Vencer el insomnio.
·         Evitar ataques de hiperventilación.
·         Reducir la tensión sanguínea y ayudar a controlar la hipertensión.
·         Mejorar la terapia del cáncer.
Permítame comentarle el caso de una mujer cuya vida cambio por completo.  Apenas llegaba a los treinta y cuatro años de edad, o sea lo que se supone que es lo más florido de la vida; pero debido a quebrantamientos de salud, no podía atender a los quehaceres domésticos y se consideraba demasiado delicada para tener un hijo.  Pasaba largas temporadas en cama, con un bajo nivel de energía.
El patrón de pensamiento negativo y de aprensión que se le había creado por estas circunstancias le quitaba toda alegría de vivir y contribuía a la decadencia de su salud y energía.  Se convirtió en paciente crónica y su presencia era familiar en los consultorios médicos.  El marido ya se había resignado tristemente a la idea de que tenía una esposa semi inválida cuya expectativa de vida era limitada.
     Ella era cristiana y asistía con regularidad a la iglesia.  Su educación religiosa le había dado una fe sincera en el poder de la oración, aceptaba la enseñanza de que con ella se puede alcanzar la guía para resolver los problemas.   A medida que imploraba ayuda para sus dolencias físicas, llegó a convencerse de que recibiría respuesta.

     Un día, leyendo la Biblia, tuvo una idea que la sorprendió.  Es una idea que hoy es muy aceptada, pero para ella fue algo revolucionario.  Lo que pensó fue esto: la salud corporal se puede fortalecer o debilitar, y aun ganarla o perderla, según la actitud mental básica de la persona.
Con un acto de intenso pensamiento, fe, afirmación y confianza, esta mujer comenzó el proceso de rechazar la semiinvalidez y la fragilidad.  Adquirió con el tiempo una recia salud y energía que le permitieron llevar una vida notable de gran actividad casi hasta los noventa y seis años de edad.
Para enseñar y captar esa fuente inagotable de energía, repita o afirme en voz alta las siguientes palabras por lo menos una vez al día.  Al hacerlo, en pie bien derecho, respire hondo y digta:

Yo soy vigoroso.
Estoy lleno de vida.
Estoy lleno de inagotable energía.
Estoy radiante de buena salud.
Soy feliz.
Soy entusiasta.
Estoy lleno de fuerza vital.
Yo sé que en Él está la vida y que su fuerza vital opera en mí, dándome salud, energía y poder.
¡Alabado sea su santo nombre!
     El versículo de la tercera epístola de San Juan relaciona la salud del cuerpo con la salud del alma.  Si el alma y la mente se mantienen libres del mal y de los pensamientos y actitudes negativas, el cuerpo permanecerá sano. 
Cuando con sinceridad pedimos perdón, renacemos y somos renovados  - creados de nuevo en mente y alma según el proceso que se decribe en Salmos 103:2-5:
Bendice, alma mía, al Señor,
No olvides sus muchos beneficios.
Él es quien perdona todas tus iniquidades,
El que te sana de todas tus dolencias;
El que rescata del de la destrucción tu vida,
El que te corona de favores y misericordia;
El que sacia de bien tu boca
De modo que te rejuvenezcas como águila.
  
Para disfrutar de salud y energía, uno tiene que saber reconocer las fuerzas benéficas y las malévolas, y escoger correctamente.
He aquí tres sencillos compromisos de intención, sígalos y ellos cambiaran su vida:
1.       Resuelvo leer un capítulo de la Biblia cada día.
2.       Resuelvo aprender de memoria un pasaje de la Biblia cada semana.
3.       Resuelvo dar gracias por la energía y la salud que poseo.


¡Donde hay felicidad hay realización, y donde hay realización hay felicidad!

viernes, 27 de abril de 2012

RESUMEN CAPITULO 7 Y 8, NORMAN VINCENT


EL PENSADOR POSITIVO SE SOBREPONE AL DESALIENTO.

¿El pensador positivo no se descorazona nunca? Claro que sí.  Es un ser humano, sujeto a las alzas y bajas de los estados de ánimo; pero no se mantiene descorazonado porque ha aprendido a manejar ese sentimiento.

Usted debe estudiar técnicas prácticas y eficaces de aceleración espiritual.  Esta es la recomendación anti desánimo número uno: usted tiene que querer realmente vencer el desaliento. 

     El desaliento es una especie de refugio donde podemos escapar de la realidad y condolernos de nosotros mismos.   Por esto la persona semiderrotada, el pensador seminegativo no quiere en el fondo soltar la muleta del desaliento ya que sin ella pierde su mecanismo de escape de un mundo competitivo.

Domine sus pensamientos.  Usted puede hacer de ellos lo que quiera.  Cuando usted quiere acabar con el desaliento, cuando con toda, pero con toda la mente y con todo el corazón y toda el alma quiere definitiva y absolutamente echarlo fuera de su vida, entonces se encuentra en el camino de la victoria.  Cuando lo quiera con voluntad firme, puede enfrentarse a sus pensamientos en lugar de dejarse dominar por ellos, usted tiene que ser amo de sus pensamientos. Enseñorearse de su vida como lo autorizó Dios, ésta es la recomendación número uno contra el desaliento.

Una segunda técnica es utilizar el silencio.  El plan consiste en dedicar todos los días diez minutos a procesos de pensamiento cuidadosamente seleccionados. 

Hacerse oír de alguien.  Esto le ayuda a volver a una actitud normal.  Cuando se le acumule el desaliento y amanece aplastarle el espíritu y frustrar su actitud positiva, busque alguna persona comprensiva que quiera escucharlo en forma creativa.  Arroje fuera toda esa masa de pensamientos sombríos que ha ido acumulando.  Para poder funcionar bien, la mente tiene que libertarse de la carga de pensamientos negativos, inclusive el desaliento.

Cuando al pensador positivo se le presenta un problema aparentemente difícil, no se asusta; ciertamente no lo descorazona ninguna falta de capacidad para manejarlo, sino que, por el contrario, le hace frente, cree que puede contener sorprendentes y grandes valores, y humildemente sabe que él posee la capacidad de extraer esos valores.  Los problemas forman a los hombres, forman a las mujeres, forman la vida.

Cuatro ideas que me hay ayudado a lograr una victoria permanente sobre el desaliento:

1.      No instruir jamás un auto acusatorio contra sí mismo.

2.      Amar a Dios y amar al prójimo.  Olvidarse de sí mismo.

3.      Pensar en grande; orar, crecer, actuar y amar en grande; ser grande en todo.

4.      Tener fe.  Creer en Dios, en la gente, en el futuro.  Creer en sí mismo.

¡Después de cada fracaso hay que buscar un éxito!



CAPITULO 8.

SUPRIMA EL HÁBITO DE LA PALABRA NEGATIVA.

Los pensadores positivos suprimen toda palabra o expresión negativa que les estorba para su crecimiento y desarrollo personal, tales como el sí incondicional, el no se puede, el imposible.   Sencillamente las arrojan fuera de su vocabulario y de su pensamiento.

Una palabra negativa es símbolo de un concepto negativo que puede ser perjudicial.  Dejar de usarla es de superior importancia.  En efecto, hasta vale la pena llegar al extremo de enterrar esas palabras generadoras de fracaso.

Los pensamientos, ideas y conceptos que se alojan en nuestra mente producen actitudes y creencias, y éstas a su vez determinan si triunfaremos o fracasaremos.  Esa actitud de “si yo hubiera” es una versión desconsoladora y totalmente ineficaz hacia algo que ya pasó.

El pensador positivo si comete un error, si no hace lo que debiera haber hecho, o hace lo que no debiera haber hecho, le vuelve la espalda a lo pasado y dice simplemente: “La próxima vez tendré mejor juicio”-  Pensar en “la próxima vez” significa seguir adelante con la decisión de hacer las cosas mejor.  No piense en lo que debiera haber hecho porque eso tiene relación al pasado –con las equivocaciones, los errores, las pérdidas, los malos cálculos, situaciones sobre las cuales ya no puede usted hacer absolutamente nada.

     Recuerde la historia de Mordecai Brown, uno de los más grandes lanzadores de las grandes ligas de beisbol en su tiempo.  Sus padres eran muy pobres, pero en realidad eso no les importaba nada.  El hijo soñaba con llegar a ser un gran lanzador en las grandes ligas y desde temprana edad mostró indiscutibles disposiciones.  Trabajaba en la granja para contribuir al sostenimiento de la familia, como tantos otros chicos de su época, pero un día una máquina le agarró una mano; perdió más de la mitad del índice de la mano derecha, y el dedo siguiente le quedó muy magullado.

Un pensador negativo se habría lamentado diciendo “Ya no podré jamás ser lanzador de pelota. ¡Si no me hubiera ocurrido ese accidente!  Pero con esta mano lastimada no puede lanzar la pelota.  ¡Adiós sueños! Es imposible”.  Pero este muchacho no pensaba ni hablaba así.   Aceptó su suerte y se las arregló lo mejor posible con su mano lastimada; hasta aprendió a lanzar la pelota con los dedos que le quedaban buenos, y después de un tiempo lo aceptaron como jugador de tercera base en un equipo local.

     Un día el director del equipo se encontraba precisamente detrás del jugador de primera base cuando Mordecai lanzó desde tercera y se quedó admirado de ver el magnífico efecto que el muchacho le imprimía a la pelota, que iba girando en el aire directa al guante del jugador de la primera base.  “Mordecai –le dijo con entusiasmo-, eres un lanzador nato.  Tienes velocidad y control, y con esa pelota girando en esa forma, ningún bateador logrará más que pegarle al aire”.

Este joven lanzaba la pelota de tal forma, que venía rapidísima, bailando, volteando, girando, subiendo y bajando, deslizándose directamente sobre la base del bateador.  Los bateadores se desconcertaban por completo.  Pues él sacaba a todos, uno tras otro.  El total de strikeouts que hizo fue impresionante, lo mismo que el número de juegos que ganó.  Llegó a ser uno de los grandes lanzadores del béisbol norteamericano.

    ¿Cómo realizó este muchacho la hazaña de convertir un desastre en triunfo?  Con su mano lastimada, con ese índice recortado y ese otro dedo deforme le imprimía a la pelota ese efecto extraordinario que la hacía girar en forma tan sorprendente.  El creyó que podía aprovechar lo que tenía y hacer algo con ello.

Cuando Mordecai sufrió el accidente de la mano, él tampoco era una persona superior.  Lo cierto es que todos poseemos más cualidades de lo que suponemos.  Afirme estas palabras positivas: La próxima vez, sí se puede, sí es posible, y haga lo que hacen todos los buenos pensadores positivos, que es arrojar fuera aquello de “Si yo hubiera hecho esto o lo otro”... “No se puede”… “No es posible”.

Cualquier hábito viejo y arraigado se puede extirpar y reemplazar con un sano patrón mental si hace lo siguiente:

1)      Desee que ese cambio ocurra.  Una gran intensidad del deseo es el primer requisito; no puede ser un deseo a medias.

2)      Sepa específicamente en qué forma quiere cambiar.  En su caso, usted quiere adoptar un patrón mental de éxito.

3)      Fije un tiempo exacto para empezar el proceso de eliminación del patrón de fracaso, lo mismo que el tiempo en que espera que quede establecido el patrón de éxito.

4)      Empiece inmediatamente a visualizarse o imaginarse a usted misma tal como quiere ser.  Véase como si ya hubiera abandonado su viejo patrón de fracaso y hubiera adoptado en cambio un patrón vital y dinámico de éxito. 

5)      Empiece inmediatamente a practicar el principio del “como sí”.  Si desea ser algo que no es, actúe como si lo fuera, como si poseyera las cualidades deseadas, y si persevera en ello, al fin adquirirá esas cualidades.

Si adoptamos ideas erróneas, también podemos desecharlas.  Si desarrollamos patrones erróneos de pensamiento, en nuestra mano esta, si queremos, abandonarlos también.  Y si nos motiva una voluntad firme, podemos adoptar un estilo de vida nuevo, más positivo.

¡Ama la vida y haz de ella algo maravilloso todos los días!