EL PENSADOR POSITIVO SE SOBREPONE AL
DESALIENTO.
¿El pensador
positivo no se descorazona nunca? Claro que sí.
Es un ser humano, sujeto a las alzas y bajas de los estados de ánimo;
pero no se mantiene descorazonado porque ha aprendido a manejar ese
sentimiento.
Usted debe
estudiar técnicas prácticas y eficaces de aceleración espiritual. Esta es la recomendación anti desánimo número
uno: usted tiene que querer realmente
vencer el desaliento.
El desaliento es una especie de refugio
donde podemos escapar de la realidad y condolernos de nosotros mismos. Por esto la persona semiderrotada, el
pensador seminegativo no quiere en el fondo soltar la muleta del desaliento ya
que sin ella pierde su mecanismo de escape de un mundo competitivo.
Domine sus pensamientos. Usted
puede hacer de ellos lo que quiera.
Cuando usted quiere acabar con el desaliento, cuando con toda, pero con
toda la mente y con todo el corazón y toda el alma quiere definitiva y
absolutamente echarlo fuera de su vida, entonces se encuentra en el camino de
la victoria. Cuando lo quiera con voluntad
firme, puede enfrentarse a sus pensamientos en lugar de dejarse dominar por
ellos, usted tiene que ser amo de sus pensamientos. Enseñorearse de su vida
como lo autorizó Dios, ésta es la recomendación número uno contra el
desaliento.
Una segunda
técnica es utilizar el silencio. El plan consiste en dedicar todos los
días diez minutos a procesos de pensamiento cuidadosamente seleccionados.
Hacerse oír de alguien. Esto
le ayuda a volver a una actitud normal.
Cuando se le acumule el desaliento y amanece aplastarle el espíritu y
frustrar su actitud positiva, busque alguna persona comprensiva que quiera
escucharlo en forma creativa. Arroje
fuera toda esa masa de pensamientos sombríos que ha ido acumulando. Para poder funcionar bien, la mente tiene que
libertarse de la carga de pensamientos negativos, inclusive el desaliento.
Cuando al
pensador positivo se le presenta un problema aparentemente difícil, no se
asusta; ciertamente no lo descorazona ninguna falta de capacidad para
manejarlo, sino que, por el contrario, le hace frente, cree que puede contener
sorprendentes y grandes valores, y humildemente sabe que él posee la capacidad
de extraer esos valores. Los problemas
forman a los hombres, forman a las mujeres, forman la vida.
Cuatro ideas que
me hay ayudado a lograr una victoria permanente sobre el desaliento:
1.
No instruir jamás un auto acusatorio
contra sí mismo.
2.
Amar a Dios y amar al prójimo. Olvidarse de sí mismo.
3.
Pensar en grande; orar, crecer, actuar
y amar en grande; ser grande en todo.
4.
Tener fe. Creer en Dios, en la gente, en el
futuro. Creer en sí mismo.
¡Después
de cada fracaso hay que buscar un éxito!
CAPITULO
8.
SUPRIMA EL HÁBITO DE LA PALABRA
NEGATIVA.
Los pensadores
positivos suprimen toda palabra o expresión negativa que les estorba para su
crecimiento y desarrollo personal, tales como el sí incondicional, el no se
puede, el imposible. Sencillamente las
arrojan fuera de su vocabulario y de su pensamiento.
Una palabra
negativa es símbolo de un concepto negativo que puede ser perjudicial. Dejar de usarla es de superior
importancia. En efecto, hasta vale la
pena llegar al extremo de enterrar esas palabras generadoras de fracaso.
Los pensamientos,
ideas y conceptos que se alojan en nuestra mente producen actitudes y
creencias, y éstas a su vez determinan si triunfaremos o fracasaremos. Esa actitud de “si yo hubiera” es una versión
desconsoladora y totalmente ineficaz hacia algo que ya pasó.
El pensador
positivo si comete un error, si no hace lo que debiera haber hecho, o hace lo
que no debiera haber hecho, le vuelve la espalda a lo pasado y dice
simplemente: “La próxima vez tendré mejor juicio”- Pensar en “la próxima vez” significa seguir
adelante con la decisión de hacer las cosas mejor. No piense en lo que debiera haber hecho
porque eso tiene relación al pasado –con las equivocaciones, los errores, las pérdidas,
los malos cálculos, situaciones sobre las cuales ya no puede usted hacer
absolutamente nada.
Recuerde la historia de Mordecai Brown,
uno de los más grandes lanzadores de las grandes ligas de beisbol en su
tiempo. Sus padres eran muy pobres, pero
en realidad eso no les importaba nada.
El hijo soñaba con llegar a ser un gran lanzador en las grandes ligas y
desde temprana edad mostró indiscutibles disposiciones. Trabajaba en la granja para contribuir al
sostenimiento de la familia, como tantos otros chicos de su época, pero un día
una máquina le agarró una mano; perdió más de la mitad del índice de la mano
derecha, y el dedo siguiente le quedó muy magullado.
Un pensador
negativo se habría lamentado diciendo “Ya no podré jamás ser lanzador de
pelota. ¡Si no me hubiera ocurrido ese accidente! Pero con esta mano lastimada no puede lanzar la
pelota. ¡Adiós sueños! Es
imposible”. Pero este muchacho no pensaba
ni hablaba así. Aceptó su suerte y se
las arregló lo mejor posible con su mano lastimada; hasta aprendió a lanzar la
pelota con los dedos que le quedaban buenos, y después de un tiempo lo
aceptaron como jugador de tercera base en un equipo local.
Un día el director del equipo se
encontraba precisamente detrás del jugador de primera base cuando Mordecai
lanzó desde tercera y se quedó admirado de ver el magnífico efecto que el muchacho
le imprimía a la pelota, que iba girando en el aire directa al guante del
jugador de la primera base. “Mordecai
–le dijo con entusiasmo-, eres un lanzador nato. Tienes velocidad y control, y con esa pelota
girando en esa forma, ningún bateador logrará más que pegarle al aire”.
Este joven lanzaba
la pelota de tal forma, que venía rapidísima, bailando, volteando, girando,
subiendo y bajando, deslizándose directamente sobre la base del bateador. Los bateadores se desconcertaban por
completo. Pues él sacaba a todos, uno
tras otro. El total de strikeouts que
hizo fue impresionante, lo mismo que el número de juegos que ganó. Llegó a ser uno de los grandes lanzadores del
béisbol norteamericano.
¿Cómo realizó este muchacho la hazaña de
convertir un desastre en triunfo? Con su
mano lastimada, con ese índice recortado y ese otro dedo deforme le imprimía a
la pelota ese efecto extraordinario que la hacía girar en forma tan
sorprendente. El creyó que podía
aprovechar lo que tenía y hacer algo con ello.
Cuando Mordecai
sufrió el accidente de la mano, él tampoco era una persona superior. Lo cierto es que todos poseemos más
cualidades de lo que suponemos. Afirme
estas palabras positivas: La próxima vez,
sí se puede, sí es posible, y haga lo que hacen todos los buenos pensadores
positivos, que es arrojar fuera aquello de “Si yo hubiera hecho esto o lo
otro”... “No se puede”… “No es posible”.
Cualquier hábito
viejo y arraigado se puede extirpar y reemplazar con un sano patrón mental si
hace lo siguiente:
1)
Desee que ese cambio ocurra. Una gran intensidad del deseo es el primer
requisito; no puede ser un deseo a medias.
2)
Sepa específicamente en qué forma
quiere cambiar. En su caso, usted quiere
adoptar un patrón mental de éxito.
3)
Fije un tiempo exacto para empezar el
proceso de eliminación del patrón de fracaso, lo mismo que el tiempo en que
espera que quede establecido el patrón de éxito.
4)
Empiece inmediatamente a visualizarse
o imaginarse a usted misma tal como quiere ser.
Véase como si ya hubiera abandonado su viejo patrón de fracaso y hubiera
adoptado en cambio un patrón vital y dinámico de éxito.
5)
Empiece inmediatamente a practicar el
principio del “como sí”. Si desea ser
algo que no es, actúe como si lo fuera, como si poseyera las cualidades
deseadas, y si persevera en ello, al fin adquirirá esas cualidades.
Si adoptamos
ideas erróneas, también podemos desecharlas.
Si desarrollamos patrones erróneos de pensamiento, en nuestra mano esta,
si queremos, abandonarlos también. Y si
nos motiva una voluntad firme, podemos adoptar un estilo de vida nuevo, más
positivo.
¡Ama
la vida y haz de ella algo maravilloso todos los días!