CAPITULO
10.
COMO
SER UN PENSADOR POSITIVO
Parece que algunos son por naturaleza pensadores positivos,
en tanto que otros aprenden a serlo mediante rudo esfuerzo.
El ser humano está dotado de la facultad de romper viejos
hábitos y de formar otros nuevos, de modo que cualquier hábito se puede
modificar. Aun cuando a veces son
profundas las huellas cerebrales que dejan los procesos habituales de
pensamiento, están sin embargo sujetas a revisión si es fuerte el deseo de
revisarlas, la voluntad firme y la imaginación aguda.
Así pues, quiero
recalcar este hecho básico: Usted puede cambiar su pensamiento negativo por
pensamiento positivo y gozar de las bendiciones que esta conversión trae. Esto es posible aun cuando durante mucho
tiempo y de manera muy completa haya sido usted pensador negativo. La máxima prioridad para convertirse en una
persona positiva es la voluntad. Es
necesario que usted quiera ser una persona positiva con tanta vehemencia que se
resuelva a empezar inmediatamente el proceso de cambiar su modo de ser.
El presente libro lo escribí en parte como respuesta a muchas
preguntas, especialmente sobre cómo puede un individuo volverse pensador
positivo y seguir siendo positivo en medio de las alzas y bajas de la
vida. Así pues, ¿cómo puede usted
volverse en pensador positivo y permanecer como tal?
Como ya lo he
dicho, la máxima prioridad es la voluntad, pero aun eso no basta. Se necesita intensidad del deseo. Para ser un pensador positivo, usted tiene
que querer serlo, no a medias y melancólicamente, sino con toda la fuerza del
deseo de que usted sea capaz. Si su
deseo es intenso, las probabilidades de buen éxito serán mínimas. En cambio, con deseo intenso y sostenido, ya
tiene usted el primer ingrediente para llegar a ser una persona positiva.
Desde luego, es preciso saber exactamente qué es lo que uno
desea tan intensamente. ¿Qué es al fin y al cabo el pensamiento positivo? Lo
definiré describiendo a un pensador positivo: Es una persona vigorosa,
resistente, mentalmente recia, que ve todas las dificultades pero las ve como
son. No desmaya ante ninguna adversidad,
revés o situación en apariencia imposible de superar, sabiéndose perfectamente
capaz, con la ayuda de Dios, de ver claramente toda dificultad, analizarla y
vencerla. Para el pensador positivo
siempre hay un camino, siempre una solución.
Frente a un problema difícil dice: “Ya sé que es difícil, pero hay
remedio”, y agrega:
“Lo que es imposible para los hombres, posible es para Dios”
(S. Lucas 18:27), o bien “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Fil.
4:13). Y después ¿qué hace el pensador
positivo? Sencillamente, sigue adelante y alcanza sus metas.
El pensamiento
positivo es todo lo contrario del pensamiento negativo. El negativista es un descreído mientras que
el positivista es un creyente; el uno esta lleno de dudas sobre sí mismo, el
otro lleno de confianza en sí mismo. El
uno se da por vencido cuando se encuentra en una dificultad; el otro se pone a
la altura de las circunstancias cuando las cosas marchan mal. El pensador negativo con su desesperanza
cierra el flujo de la potencia creadora.
El pensador positivo, apoyándose en la fe en Dios y en sí mismo, abre
del todo los canales por donde fluyen la potencia y la creatividad que producen
resultados sorprendentes.
Efectuar el cambio
de negativo a positivo requiere, al principio, empezar a alimentar ideas
positivas acerca de las cosas pequeñas.
Ataque su vieja actitud mental negativa con pequeños proyectiles
positivos, tales como “Sí puedo”, “Sí es posible”, “Esto va a resultar
bien”. El simple paso de estos
pensamientos positivos fragmentarios por el entendimiento empezará a labrar un
nuevo surco mental, aun cuando sea pequeño.
Esta práctica, repetida diariamente durante algún tiempo y seguida por
pensamientos más fuertes, ahondará al fin el canal que se va formando en la
mente y acabará por socavar el viejo canal de pensamiento negativo, que se
hundirá. Entonces el pensamiento
dominante en su mente será una actitud mental positiva.
Uno puede llegar a
ser un pensador positivo no solamente teniendo un deseo intenso y re
adiestrando el proceso de pensamiento, sino también aprendiendo una nueva
manera de hablar. El lenguaje es la
articulación audible de una idea formulada por el pensamiento en el proceso
mental, y la reiteración de un planteamiento tiende a incrustarlo cada vez más
profundamente en el subconsciente hasta que asume la forma permanente de un
hábito. El hábito se forma por la
repetición constante de la acción instintiva, intuitiva y a veces deliberada.
¡El pensador positivo imagina lo posible y atrae el éxito
hacia sí mismo y hacia sus proyectos!